¿Debemos proteger los datos de terceros en las Redes Sociales?

Da la sensación que cuando navegamos por internet, somos conscientes de que debemos tener algo de cuidado de en donde dejamos nuestros datos personales y nuestras imágenes. Sin embargo cuando nos registramos en una Red Social, se nos olvidan ciertas medias de control  y empezamos a ofrecer información, amparados, en muchas ocasiones, en una falsa apariencia, de que estamos en nuestro entorno, en nuestro salón de casa, donde ponemos marcos con fotos y hablamos con naturalidad con nuestros familiares y amigos.

En rara ocasión leemos las condiciones de uso de la Red social, así como su política de privacidad. Bueno, al fin y al cabo nosotros decidimos no hacerlo y asumir el riesgo de subir esta o aquella foto o hablar de este o aquel tema.

Ahora bien, ¿Qué sucede con los datos o las imágenes que facilitamos de terceros? Ellos no han elegido subir esa información a la Red Social, incluso es posible que ni siquiera sea miembro de esa Red Social.

Pudiera ser lógico pensar que como meros usuarios que navegamos por internet y hacemos uso de estas redes sociales, no deberíamos preocuparnos por cumplir con la Ley de protección de datos. Al igual que podemos tener un smarthphone lleno de datos de terceros (nombres, teléfonos, fotos, correos...) y no tener obligación de cumplir con la mencionada ley, podemos tener miles de contactos en estas Redes con sus respectivos datos.

Así al menos pensó la Sra. Bodil Lindqvist, catequista sueca que un día se animó ha crear una página web, aprovechando que había realizado un curso de informática, y empezó a ofrecer información sobre sus compañeros (nombres, apodos, estado de salud... alguna compañera se debió hacer daño en un pie y tuvo que solicitar la baja laboral). Todo ello, lo debió hacer con buena voluntad, pero se excedió.

Y es que a diferencia de lo que sucede con nuestros contactos en nuestro smarthphone, en el caso de  la Sra. Bodil Lindqvist no se daba una excepción fundamental en esto de aplicar la normativa de protección de datos, que es la excepción doméstica. Aquella que nos permite en nuestra esfera más cercana o familiar contar con dichos datos de terceros sin necesidad de rendir cuentas a nadie.

La Sra. Bodil Lindqvist había cometido el error de compartir datos personales e incluso algunos datos sensibles (como es una baja laboral de una compañera) con todo el mundo, o mejor dicho, con todos los usuarios de internet que deseasen visitar su web, impidiendo que entrará en valor la mencionada excepción.

¿Nos puede suceder lo mismo que a la Sra. Bodil Lindqvist  en el uso de las Redes Sociales? No es descabellado. Tener un número excesivo de contactos, contar con perfiles abiertos a cualquier tercero, perfiles indexados a buscadores que pudieran revelar información de tus contactos... puede dar lugar a la no aplicación de la excepción domestica y hacer del simple usuario de Redes Sociales en responsable de tratamiento de datos de cara a la Agencia de protección de datos. Puede haber situaciones en las que incluso se agraven la situación, como cuando por ejemplo, subimos información o imágenes en la que se rebela datos sensibles de terceros, datos que gozan de una mayor protección por parte de la normativa aplicable.

En el supuesto de que se actué en las Redes Sociales bajo el paraguas de iniciativas empresariales, lógicamente resultará más difícil que se aplique  la excepción domestica, por lo que se debería acometer ciertas medidas para evitar en la medida de lo posible sustos en forma de sanciones.

Si tienes dudas al respecto, Tacklegal.

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